Lastimosamente, en nuestro país se instaló una práctica nefasta que, a la larga nos ata a un sistema de figuritas repetidas.

En estos días estuve viendo que los candidatos que pasaron las internas con miras a las Municipales 2026 ya empezaron su campaña con miras a las generales que se debatirán en octubre próximo. Como saben yo, Fredy El Churero, fui pre candidato a Concejal de la ciudad de San Antonio.
Aclaro que no tengo ánimos de lapidar a nadie, sino que quiero compartir mi experiencia y un análisis relativamente profundo sobre la situación de nuestras comunidades. A diario nos quejamos de los baches, de las basuras, de los raudales, pero, cuando tenemos la oportunidad, votamos siempre por los mismos.
Si un extranjero ve esto desde afuera, directamente nos va a acusar de masoquistas, pero, lo que sucede es que estamos atados a un sistema de prebendas. Yo no sé qué poción mágica, qué payé hacen los políticos para que el día de las elecciones la gente acuda como ganado recién arreado a votar por las mismas figuras repetidas de las listas.
Bueno, el payé viene en forma de billetes verdes con la cara de San Roque impreso en uno de los lados. Es increíble como el día de las elecciones la gente pierde totalmente la consciencia al punto de que hay que directamente te piden dinero para ir a ejercer, un derecho y una obligación, porque como sabrán, los ciudadanos estamos obligados a votar, y, además, es nuestro derecho manifiesto en una República democrática como lo es Paraguay.
Así es que viendo esta situación, es muy difícil que un candidato con buenas propuestas o con una trayectoria potable, con vocación de servicio demostrado, llegue a ocupar un cargo electivo, porque el elector ya no elige al mejor, elige al que le da el dinero, porque el elector se volvió haragán e irresponsable y me atrevo a decir esto porque primero, evade su responsabilidad cívica, y segundo, porque vota por el que le da la plata y luego se queda llorando 5 años por los baches que decoran sus calles.
Este fenómeno ocurre en todos los rincones del país y no distingue colores, porque el soberano, o sea el elector, marca las pautas, pone las reglas y vende su voto al mejor postor.
Mi deseo es que en las próximas elecciones la gente tenga un ápice de consciencia, de lo contrario será una batalla de billeteras y las urnas se van a convertir en casinos, donde el que más plata apuesta es el que tendrá la posibilidad de llevarse el podio.
Así es que señor, señora, chismoso o chismosa, si usted vendió su voto, no tiene derecho a quejarse los próximos 5 años si es que sufre alguna desidia en su ciudad. ¡He dicho!





