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Pauli Arévalos vivió una odisea con su vestido de novia y ahora es tendencia en redes.

El vestido de la discordia

En la noche de ayer se encendió twitter cuando la joven Pauli Arévalo contó la terrible odisea que vivió meses antes de su boda. Y sabemos que las mujeres por lo general sueñan y anhelan con que su boda sea sacada de un cuento de hadas, se esmeran tanto en los detalles y creo que en especial en el vestido para lucir deslumbrante ante el altar.

Pero ¿hasta qué punto es válido el querer aparentar o el querer mostrarse ante los que asistirán a la boda? ¿Vale la pena gastar tanto dinero en una prenda que se usará una sola vez? Hago estas preguntas porque Pauli contó que contrató al diseñador paraguayo Fernando Preda quien vive en Tulum México y pagó 3 mil dólares por un vestido que parecía unos retazos pegados, sucio y mal cosido.

El diseñador intentó justificarse pero creo que esto no cuesta 3 mil dólares

La historia no la voy a detallar porque ya sería redundante, pero me voy a centrar en analizar el costo, pues según las fotos, pagar 3 mil dólares por esos harapos es un abuso y me acuerdo de que en el Mercado 4 hay vidrieras con hermosos vestidos que cuestan muchísimo menos y son confeccionados por personas que quizás no tengan la fama de este Preda, pero te pueden entregar una prenda digna de admirar.

Finalmente Paula se casó con un hermoso vestido que costó muchísimo menos que ese pedazo de trapo que le mandó el diseñador

A esto me refiero con el “vyrochusquismo” porque es más cool decir mi vestido me hizo fulano de tal que decir compré del Mercado 4 ¿hasta cuándo vamos a dejar llevarnos por ese tipo de payasadas? Sin desmeritar a quienes se ganaron un nombre y una trayectoria, claro, pero por querer aparentar nomas y sobrar por los demás creo que no vale la pena.

Aguante el Mercado 4 y sus costureras, aguante las modistas de barrio que se esmeran día a día y hacen prendas hermosas pero por no ser famosas en Instagram sus trabajos son denigrados.
Que esto sirva de lección….